sábado, 26 de febrero de 2011

ARREPENTIMIENTO

Arrepentirse significa, en realidad , cambiar la opinión que uno tiene de algo. Ese es el verdadero significado de arrepentimiento. Cuando una persona comprende que una acción en particular, o cierta línea de conducta, o quizás toda la dirección de su vida, ha estado equivocada, y honestamente decide cambiar su conducta, se ha arrepentido. 

La Biblia convierte al verdadero arrepentimiento en condición esencial de cualquier progreso espiritual, y del perdón de los pecados. 

Jesús dijo: “ Si no hicieres penitencia, todos igualmente pereceréis”. 

Arrepentirse no significa lamentarse por pasados errores, porque eso es vivir en el pasado y nuestro deber es vivir el presente y hacer lo correcto en este momento. La preocupación por los errores del pasado es el remordimiento, y el remordimiento es un pecado, ya que equivale a rehusar el perdón de Dios. La Biblia dice que éste es el día de la salvación. 

Juan el Bautista dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca”. Eso significa que uno debe cambiar de forma de pensar y saber que la Presencia de Dios está donde uno se halla. 

Juan daba al bautismo como símbolo de arrepentimiento . En su época, el bautismo ya era una costumbre muy antigua practicada por diversos pueblos, porque lavar o bañar el cuerpo es un símbolo poderoso de la limpieza del alma mediante el arrepentimiento. En el Viejo Testamento, la gente lavó sus ropas antes de recibir de Moisés los Diez Mandamientos, y en muchos otros casos una limpieza o lavado ritual precedía a distintos ejercicios espirituales. Este es el verdadero significado del bautismo. La ceremonia , en sí, por supuesto, no tiene importancia excepto como expresión exterior del cambio de mentalidad, o arrepentimiento, o decisión de mejorar, que es el aspecto interior o espiritual. 

La ley de la vida es conocer la Verdad y vivirla. 

Lucas 13:3; Mateo 3:2.

CRISTO

La palabra “Cristo” no es un nombre propio. Es un título. Es una palabra griega que significa ungido o consagrado. En cierto sentido equivale al vocablo hebreo “Mesias’ y al término oriental Buda. 

Jesús era el nombre personal que a nuestro Señor dieron sus familiares. La palabra, como la conocemos, es griega, una traducción del nombre hebreo Josué, que significa literalmente “Dios es salvación” , es decir, la aceptación de Dios es nuestra salvación, lo que yo llamo “la llave de oro”. 

De esa manera, hablamos del ‘ el Cristo”. El Cristo puede definirse como la Verdad Espiritual de cada persona, situación o cosa. 

Cuando uno comprende la Verdad espiritual de cualquier problema , uno eleva al Cristo en consciencia y viene la cura. Así, el Cristo es siempre el Cristo que cura. 

Jesús exhibió al Cristo en su persona y en su vida en mayor medida que cualquier otro individuo que haya vivido en la tierra. Como la obra que realizó en su crucifixión y resurrección ha permitido que lleguemos a alturas espirituales que de otro modo estarían fuera de nuestro alcance, se le llama en justicia el Mesías o Salvador del mundo. Por la misma razón, se le conoce como La Luz del Mundo. La aceptación del Cristo sana, independientemente de cualquier condición o limitación que parezca alzarse en el camino. 

“Y yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí”. Juan 12:32.

PAGANOS, ENEMIGOS Y EXTRAÑOS

Estas palabras se utilizan para definir pensamientos negativos, que son las causas de las dificultades. No se aplican a otros seres humanos. Los malos pensamientos son paganos porque no conocen a Dios. Son extraños a su verdadero ser, y por supuesto, son los únicos enemigos que usted tiene. Todos esos enemigos deben ser destruidos, no luchando con ellos, lo cual sólo les da poder, sino mediante el juicio justo, negándose a creer en ellos. 

Dios es la única Presencia y el único Poder.

JUICIO

Juicio, en la Biblia, significa decidir si un pensamiento es falso o verdadero. Este proceso necesariamente ocurre mientras nuestras mentes, durante todo el tiempo en que estamos despiertos y el punto hasta el cual llegamos a “juicios justos” determina el carácter de nuestras vidas. Aceptar el mal por su apariencia es juzgar erróneamente, y conlleva su castigo natural. Negarse a creer en el mal y afirmar el bien es juzgar con justicia y conlleva la recompensa de la felicidad y de la armonía. 

Así, el Juicio Final no es un gran juicio que tendrá lugar en el fin de los tiempos, sino un proceso que ocurre todos los días. Cuando Jesús dijo: “ No juzgues para que no te juzguen” , quería decir que condenar a nuestro hermano sin examinar el caso, en lugar de ver el Cristo en el interior, equivale a ponernos en peligro, porque estamos convirtiendo las apariencias de nuestro hermano en una realidad, y todo lo que hagamos real debemos demostrarlo en nuestras vidas.

IMPÍO

La palabra “impío” aparece más de 300 veces en la Biblia y es uno de los términos más importantes que en ese libro se puede encontrar. En la Biblia, el vocablo Impío significa en realidad “hechizado” o que “está bajo un ensalmo”. La Ley del Ser es armonía perfecta, y dice que la verdad nunca cambia, pero el hombre utiliza su libre albedrío para pensar erróneamente, y así fabrica condiciones falsas a su alrededor, que luego cree que son reales. Parecen reales y de esa manera el hombre olvida que fue él mismo quien las creó, y se hechiza a sí mismo, o cae en una especie de encantamiento. Por supuesto, mientras permanezca hechizado, tendrá que sufrir las consecuencias . Sin embargo no es más que una ilusión o un ensalmo, que se puede romper si uno vuelve a Dios. 

La única manera de romper ese hechizo es pensar en Dios, por eso Jesús lo llamó el camino difícil y estrecho. “Oh, insensatos Gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros?”, dijo Pablo cuando supo que algunos de sus alumnos habían empezado a creer en el mal. 

“Huye el impío sin que nadie persiga”. “! Que se vuelvan los impíos al infierno!”, “ ¡ Deje el impío los caminos y el malvado sus pensamientos, y vuélvase a Dios, que tendrá de el misericordia!”. Todas estas son expresiones de lo que ocurre cuando nos dejamos hechizar por nuestros propios pensamientos y creemos en otro poder que no sea Dios. Huimos sin que nadie nos persiga, sentimos temor sin tener motivo. Podemos sufrir las penurias del infierno porque “el temor tiene tormento”, pero cuando nos volvemos a Dios, se rompe el hechizo y se restaura la armonía. 

Despertemos del encantamiento bajo el cual vive toda la raza, y sepamos que Dios es todo Poder, Inteligencia Infinita y Amor sin límites. 

Gálatas 3:1; Proverbios 28:1; Salmos 9:17; Isaías 55:7.

SALVACIÓN

La palabra “salvación”aparece más de ciento veinte veces en la Biblia. En generaciones pasadas, la gente religiosa la empleaba constantemente, aunque no se escucha con tanta frecuencia hoy en día, es cierto que sigue siendo una de las palabras más importantes en la Biblia, y también, como ocurre a menudo en estos casos, una de las menos comprendidas. 

El término “ salvación” , en la Biblia, significa perfecta salud, armonía y libertad. Cuando uno tiene un cuerpo tan sano que vivir es en sí una alegría, cuando uno vive bajo condiciones completamente armoniosas, cuando uno ocupa su tiempo con actividades útiles y gozosas, cuando uno aumenta a diario la comprensión de Dios y cuando uno no está consciente de ningún temor, uno tiene salvación en el sentido bíblico de la palabra. 

Estas cosas, son las que quiere Dios para los hombres, para usted personalmente, y la Biblia se escribió para indicarnos cómo alcanzarlas. 

Ganamos la salvación buscando a Dios en el pensamiento, y dejando que El actúe a través de nosotros, rehusando dar poder a condiciones externas, adiestrándonos para rechazar el temor. 

“El Señor es mi luz y mi salvación”, “El sólo es mi roca y mi salvación”, “Tus carros de victoria”, “Y suscitó a favor nuestro un poder salvador”, “ Y toda carne verá la salvación de Dios”. Textos como los anteriores son característicos de las promesas de la Biblia sobre la salvación. La plegaria de Habacuc ilustra la angustia mental que a menudo acompaña a la actividad (la cólera) de Dios en nuestras almas, cuando las dificultades afloran para ser eliminadas y llega un período de tensión antes de la manifestación. 

A algunas personas la salvación les llega suavemente, fácilmente, pero la mayoría, por ahora, tiene que conseguirla con un cierto grado de “Temor y estremecimiento” . La forma en que llega no es realmente importante, pues llegará, siempre que la busquemos con todo nuestro corazón. 

Es un excelente ejercicio buscar la palabra “Salvación” en una concordancia, leer los versos donde figura e interpretarlos, espiritualmente , por supuesto. Salmos 27;1; Salmos 62:2; Habacuc 3:8; Lucas 1:69; Lucas 3:6.

YO SOY EL QUE YO SOY

Yo “soy el que soy” es uno de los principales nombres con que la Biblia se refiere a Dios. Significa el Ser Incondicional . Significa el gran Poder Creativo absolutamente ilimitado. Es un intento, - un intento muy exitoso – de expresar, hasta donde es capaz el lenguaje, la infinitud de Dios. 

“Yo Soy” significo usted, el individuo. Es una aseveración o afirmación de existencia y necesita algún tipo de calificativo. Decimos, por ejemplo, “yo soy el hombre”, o “Yo soy la mujer” , “soy estadounidense”, “soy español”, “Soy un abogado”, “soy un panadero” , “soy republicano” o “soy demócrata”. En todos estos casos señalamos una importante realidad sobre nosotros, y hasta ese punto nos limitamos , pero no negativamente, sino en un sentido positivo y constructivo. 

Si yo soy estadounidense, no soy español, si soy un hombre, no soy una mujer, etc. 

Ahora bien, Dios es absolutamente ilimitado, y la única frase que puede expresar este estado es “yo Soy el que Soy”, “Yo Soy”, ¿qué? “Yo Soy” - puro ser , incondicional, ilimitado y sin ninguna especificación. Afirmar que Dios es algo particular implicaría una limitación, o al menos una circunscripción, y Dios es ilimitado. 

Al hombre le corresponde ser algo en particular, y no tratar de serlo todo, porque él es una individualización. Si usted utiliza a la vez todas las notas del pentagrama, sólo conseguirá un ruido confuso. La música consiste en la s selección y el agrupamiento especial de ciertas notas. 

En el Universo de Dios, cada uno de nosotros tiene su puesto, y nos toca encontrar ese verdadero puesto y expresarlo, interpretar correctamente nuestro papel en la gran orquesta. Pero Dios es el Gran Director, y también toda la orquesta, ilimitado, sin principio ni fin.